Por: Dr. Evelio Diaz Cristancho – Vicepresidente SMPB

(Las opiniones expresadas en éste blog corresponden al autor del texto y no representa la voz de la Sociedad de Mejoras Públicas de Bucaramanga)

La ingeniería genética en el campo militar es actividad cotidiana desde hace décadas, muchos países tienen grupos de investigación dedicados a las armas biológicas; todos aseguran, con fines defensivos. Para el caso del SARS, el campo militar de Fort Detrick en Maryland, tiene participación en la investigación del virus híbrido que incluye genes de murciélagos y virus SARS humanos.

En ese lugar trabaja un grupo de 4 universidades, el fuerte Detrick, importante centro biológico de USA, el instituto de enfermedades infecciosas de Washington, la universidad de Texas y la universidad de Carolina del norte, de las cuatro, tres son militares puras.

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El fuerte Detrick fue cerrado en junio de 2019 por situación epidemiológica, se enfermaron unos militares, luego algunos civiles también presentaron síntomas; públicamente, desde marzo de 2019, se habló de los problemas pulmonares por los cigarrillos electrónicos, 200 casos severos, pero resulto que muchos de ellos ni siquiera fumaban, y el tema se silenció. Hasta ahora nadie podía explicar como naves de la marina norteamericana sufrieron epidemias en alta mar sin contactar con nadie.

Sobre la investigación en los Estados Unidos

USA tiene un montón de laboratorios biológicos secretos alrededor del mundo, verdaderas bases militares con investigaciones de guerra biológica, en uno de esos laboratorios en Georgia, república del Cáucaso, murieron cerca de 100 personas, no hubo investigación alguna, ni control internacional por lo sucedido, algo inaceptable en el siglo XXI.

Habría que tener una organización internacional que controle e investigue los casos de infecciones peligrosas para humanos en lugares no comunes para ellas y por microorganismos extraños; microbiólogos, epidemiólogos, militares especializados en guerra biológica deben formar parte de ella, el problema hoy es de tal magnitud que no se puede confiar en el autocontrol.

Para adherirse a la membrana celular, los microorganismos cuentan con un receptor de unión (RBD) afines a la célula objetivo. Para cada caso son específicos, ninguna mutación natural puede variar un microorganismo a tal punto que adquiera la propiedad de adherirse al lugar objetivo diferente y así ingresar a la célula atacada; por eso los conocedores del tema saben que la tarea es modificar la estructura de la proteína de la membrana del virus.

En teoría se llega a la conclusión que si a la membrana del SARS (proteína S) se le introduce un fragmento proteico que se identifica como SHCO14 entonces el virus (SARS-CoV-MA15) debe unirse al fragmento APF (ACE2 ) una enzima convertidora de angiotensina, así, adquiere la capacidad de adherirse a la célula humana viva e ingresar en ella.

Comercio activo

El prototipo de virus SARS lo vende Bio Basic, las células Hela las suministra el instituto de virología de Wuhan, las células de la línea Vero E6 se compran en el instituto de enfermedades infecciosas de las fuerzas armadas de USA, las células DVT, que expresan el fermento APF (ACE2) no se sabe quién, pero se venden, el cultivo de células HAE altamente diferenciadas, células del epitelio de las vías respiratorias humanas se compran; para reproducir el SARS-CoV-2 se necesitan “ratones humanizados” que se comercializan en USA y el Reino Unido, o sea que este comercio es muy activo.